La relación entre el puerto y la ciudad suele basarse en cifras (tonelaje, puestos de trabajo, impacto económico) que informan, pero que rara vez conectan las actividades portuarias con los ciudadanos. En esta sesión se analiza qué ocurre cuando los puertos optan, en cambio, por contar historias humanas. El Puerto de Montreal abrió sus puertas a un equipo de rodaje de un documental que siguió a los estibadores, los pilotos y los operadores de la sala de control que lo mantienen en funcionamiento las 24 horas del día, los 7 días de la semana. La iniciativa apuesta a que la visibilidad de la realidad portuaria, con sus tensiones y complejidades, genere más confianza ciudadana que cualquier comunicado de prensa. El Puerto de Los Ángeles lleva más de 20 años transformando el frente marítimo de San Pedro en un espacio público y accesible para la ciudadanía mediante un desarrollo de usos mixtos y colaboraciones con la comunidad. En Dunkerque, el proyecto de investigación-creación D.E.PORTS utiliza la danza y la mímica para documentar y dar visibilidad a los gestos físicos de los oficios portuarios que se han vuelto progresivamente invisibles, algunos incluso amenazados de desaparición. En conjunto, estos enfoques plantean qué significa para un puerto no limitarse a estar presente en una ciudad, sino ser conocido y celebrado por las personas que viven a su lado.

